Las Hurdes [Segundo Capítulo]

Después de mirar durante un rato el mapa y acordar por mayoría absoluta que el camino de vuelta subiendo otra vez la montaña estaba descartado, decidimos volver haciendo una ruta por carretera de algo más de 170 kilómetros.
Comenzaba a oscurecer y estábamos muy cansados, así que intentamos buscar un buen sitio para dormir, caminando antes hasta el siguiente pueblo para ver si allí podíamos comprar pan para tener algo para comer mañana.
Al encontrar el pueblo, una joven muy amable nos vendió en su tienda magdalenas y dos barras de pan.
– ¿Dónde podríamos encontrar un buen sitio para dormir? -le pregunté- Tenemos esterillas y sacos de dormir, así que nos vale casi cualquier sitio apartado de suelo más o menos blando.
– Pues la pista de fútbol de allí abajo creo que os podría gustar -respondió sonriendo, señalando una nada apetecible pista llena de rocas- Pero bajo ningún caso durmáis en una terraza, seguro que os resulta un lugar muy cómodo durante la noche, pero los dueños de las parcelas no les tienen mucho aprecio a quienes entran en su propiedad sin permiso…
Cabe explicar que como Las Hurdes es una zona montañosa, para poder tener suelo plano donde plantar árboles y cultivar en huertas los habitantes han cavado y construido enormes escalones en la ladera de la montaña, formando las terrazas.
– Bueno, tampoco creo que pase nada.
– Yo solo os digo que algún curioso se ha llevado alguna pedrada por fisgonear.
Felix y yo nos miramos, ambos teníamos la misma idea en mente.
Colocando el despertador bastante pronto, nos tumbamos cómodamente en una terraza con mucha hierba.

SEGUNDO DÍA
A la mañana siguiente no hubo sorpresas desagradables. Recogimos nuestras cosas con las primeras luces del día y subimos al pueblo a desayunar algo caliente.
Con la tripa llena y viendo la vida con otros ojos, nos echamos a caminar, pero solo tuvimos que hacerlo durante poco tiempo, ya que enseguida realizamos autostop con éxito. Esta vez nos ofreció su coche un señor bastante peludo, que charlaba tranquilamente con su amigo.
– Pues sí, al enterarse ha ido corriendo a casa a guardarlo en la caja fuerte. No se atreve a sacarlo el muy hijo puta -le contaba.
– Pero si no lo entrega no le darán nunca el dinero ¿no?
– Y yo qué sé, solo sé que lo guardó y no quiere oír hablar del tema -el hombre peludo se dirigió entonces a nosotros- ¿os gusta Manolo Escobar?
Mientras nos preguntaba sonaba a todo volumen “Mi carro”. Muy española toda la situación.
– Em, sí, claro -respondí.
Seguimos escuchando un rato en silencio.
Al bajarnos del coche Félix y yo comentamos la curiosa historia que habíamos escuchado dentro del coche, nos parecía bastante bonito el gesto del hombre. Cualquier otro habría reclamado el dinero lo antes posible. Pero a él le bastaba con tener el número ganador de la lotería en su caja fuerte.
Con Manolo Escobar habíamos avanzado unos cuantos pueblos, pero todavía quedaban muchos kilómetros por delante.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Las Hurdes (Historia Corta). Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s