Los Dueños del Hotel Palace

—Bueno, ¿te apetece ir al retiro o no?  —pregunté a Jorge. Estaba bastante seguro de cuál iba a ser su respuesta.

Estaba muy animado, dejándome llevar por las situaciones junto a Jorge. Habíamos pasado ya tres horas por las calles de Madrid, pero no se nos habían hecho largas. Sin esperar nada y esperándolo todo, vagábamos proponiendo planes y destinos, guiándonos solo por los distintos temas de conversación. Caminábamos en dirección al Retiro, dejando Sol a nuestras espaldas.

—Claro, buena idea. ¿Es por aquí?

—Sí, estoy seguro. ¡Mira! —dije de pronto— ¡El Congreso de los Diputados! Impone desde aquí ¿eh?

— ¿Tú crees que estarán reunidos dentro o algo?

— ¿Quiénes? ¿Los diputados? —respondí, desconcertado.

—Sí, es que hay mucha policía fuera vigilando para que no haya nadie importante dentro.

Era verdad, había dos furgones policiales aparcados, y por lo menos ocho policías estaban montando guardia.

—Sería un poco ridículo, todos ellos vigilando un edificio —me reí— Pero la puerta está vallada, yo creo que hay alguien, pero que no es ninguna reunión importante, de estas en las que se gritan los unos a los otros o se levantan constantemente para ir al baño.

En ese momento pararon delante del Hotel Palace, que está enfrente del Congreso, unos coches oficiales, con los cristales tintados de negro, dejando salir a dos señores con trajes caros, que entraron con aire de superioridad al hotel, seguidos de un chico que llevaba sus maletas.

—Caray, tenían bastante pinta de peces gordos —dijo Jorge cuando entraron.

—Estaba pensando… ¿Tú tampoco has entrado nunca en el Palace?

Jorge asintió, y entendiéndonos en un lenguaje mudo nos dirigimos hacia la puerta.

—Si alguien pregunta, estamos buscando a Manuel Rodríguez.

En el recibidor había unos cuantos mostradores de recepción. El suelo estaba recubierto de una alfombra muy mullida, una alfombra de esas que dan gusto pisarlas. En el techo había unas pinturas, que imitaban los frescos que se veían en los museos, con ángeles y ese tipo de cosas. Colgaba una lámpara de araña, que se balanceaba ligeramente, al ritmo de la música clásica suave se escuchaba de fondo.

—Madre mía, ¡y luego dicen que ya no hay clase noble!

Seguimos andando, haciendo como si para nosotros fuese normal movernos por ambientes como aquel. Es una regla de oro, si no ven en tu cara nerviosismo, sino tranquilidad y normalidad, puedes entrar en casi cualquier sitio sin llamar la atención, aunque vayas vestido como nosotros íbamos ese día, bastante informal, rozando la dejadez.

Primero exploramos el ambiente, al fin y al cabo, no pasa nada si le echas una ojeada a un hotel. Entramos en el comedor, mirándonos con asombro. Una enorme cúpula acristalada dejaba filtrar la luz, que caía sobre las mesas con vajilla y manteles muy elegantes. En el centro se podía ver un piano de cola. La música clásica resonaba por la sala, siempre a un volumen agradable, y los comensales hablaban tranquilamente.

— ¿No te parece que hablan como muy… no sé cómo explicarlo… creyéndose el centro del mundo?

—Justamente te lo iba a comentar, pero no es solo cómo hablan, yo lo veo en los gestos que hacen con las manos y en su expresión facial.

—Mira, ese de allí podría estar diciéndole al otro: “Yo si quisiera podría comprar esto en cualquier momento, no lo voy a hacer, pero podría”.

Haciendo como que buscábamos a alguien, seguimos mirando los diferentes comedores, más pequeños, hasta que llegamos a las salas destinadas a fiestas privadas en las que se alquila un espacio y los servicios del hotel.

— ¿Qué hace toda esta gente en el pasillo?

—No tengo ni idea, pero mira, ahí hay una mesa libre.

Nos acercamos buscando a Manuel Rodríguez y comimos unos cuantos dulces, que cogimos de la mesa vacía. Mientras tanto, echábamos miradas de vez en cuando a la multitud, buscando a nadie. A medida que vimos que a los invitados no les molestaba nuestra presencia, cogimos confianza. Llenándonos de zumo de naranja recién exprimido unas copas de cristal. Cuando estábamos rellenando la segunda copa, llamaron a todos a comer, y nos quedamos fuera, bebiendo. En cuanto notamos que el camarero nos miraba decidimos irnos de allí.

—Pues no he visto a Manuel Rodríguez.

—Yo tampoco, busquemos en otra parte.

Subimos unas escaleras, curioseando un poco, para encontrarnos con una puerta, que daba a las habitaciones y que requería de una tarjeta para abrirse. Intentando ver cómo funcionaba, tanteamos la puerta.

—Tenéis que usar vuestra llave —nos dijeron dos señoras con fuerte acento inglés que esperaban al ascensor al otro lado de la puerta.

— ¡Qué tonto! ¡La llave! —exclamé, y comencé a buscar en mis bolsillos, poniendo cara de frustración a medida que buscaba, como si pensara “¡tiene que estar en alguna parte!” , hasta que las señoras desaparecieron tras las puertas del ascensor.

Jorge y yo esperamos a que alguien pasara y abriese la puerta. Y no tuvimos que esperar mucho. Enseguida pasó con paso rápido y decidido un hombre, que tenía toda la pinta de ser el jefe de alguna empresa importante.

Paseamos un rato por los pasillos, hasta que nos cansamos de la repetitiva decoración. Una vez  abajo de nuevo, nos sentamos en un sofá que encontramos en un pasillo solitario, cogiendo prestados antes dos periódicos de una mesa que había en una de las numerosas salas privadas. Mientras Jorge cogía los periódicos, me hice el entendido mirando los horarios de las próximas fiestas, con sus respectivos precios de entrada. Jorge consiguió un ejemplar de The New York Times y otro de El País, que leímos tranquilamente un rato.

Después salimos a la calle, ya que a los dueños del Hotel Palace les apetecía ir al Retiro.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cuentos Cortos. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Los Dueños del Hotel Palace

  1. Umagah dijo:

    Lo siento por no publicar en más de una semana, he estado muy liado, pero vuelvo con ganas. No tendré tanto tiempo como en verano, y publicaré cuando pueda, espero que lo entendáis.
    Un saludo!!!!

    Le gusta a 1 persona

  2. Podríamos haber sido mi pareja y yo… muy divertida!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s