Paseo

Un médico revisaba las constantes vitales de Daniel, cuando este despertó.
– Veo que ya despierta, ¿está mareado?
– Estoy… -miró a su alrededor- ¿Dónde estoy?
– En el hospital San Manuel, hemos avisado a su mujer, pero se encuentra bastante lejos por un viaje de empresa. Le envía de todo corazón que se mejore.
– Demasiado buena es mi Manuela.
– ¿Manuela? Nos ha dicho que se llama Clara. Bueno, me ha dicho que le avise de que no llegará para cenar.
– Ah, claro, Clara -se rió de sus propias palabras.
– ¿De qué se ríe? -preguntó el doctor, algo preocupado.
– Nada, nada. Suena un poco raro ¿no crees? Claro, Clara -hizo una pausa, durante la cual observó la expresión del médico- Sí, ya voy al psicólogo, no me mire así -añadió mientras pensaba en lo poco que el médico sabía apreciar las pequeñas cosas de la vida.
– Bueno, si firma aquí puede usted irse, señor Townley.
Firmó y recogió sus cosas. Una vez en la calle, se abrochó los botones de su gran abrigo marrón y se puso su gorro rojo. «Cada vez hace más frío, creo que dentro de poco va a ser navidad» ,pensó. Y así era, solo faltaban dos días para nochebuena. Comenzaba a oscurecer, pero a Daniel no le apetecía volver a casa. Así que decidió andar a casa dando un rodeo.
– Buenos días, ¿le puedo hacer una pregunta? -le dijo un hombre con un uniforme bastante ridículo, que tenía en su mano derecha un montón de panfletos y ofertas de una cadena de restaurantes de comida rápida.
– Buenos días, imbécil, ¿te puedo llamar imbécil?
El hombre se quedó cortado. Pero se recobró rápidamente al mirar hacia la puerta del restaurante, donde estaba fumando un señor trajeado muy gordo, que prestaba atención a la conversación.
– Esto… Tenemos una oferta especial hoy aquí en Eat and go
– ¿Ese es tu jefe? -le interrumpió Daniel, señalando al hombre gordo.
– Esto… Sí -se rascó la cabeza con nerviosismo- Como le iba diciendo…
– Dile por favor que no solo tiene que mejorar las frases que les manda decir a sus empleados para atraer clientela, sino que Come y vete me parece un nombre de muy mala educación. Es como si ese jefe tuyo, cuando acabas de comer, te dijese Hala, ahueca, ¡largo! o algo por el estilo.
– Que tenga un buen día -respondió el pobre hombre.
Daniel fulminó con la mirada al jefe y le ofreció un cigarrillo al pobre hombre, había sido un poco cruel con él. Este lo rechazó, y Daniel se marchó para no causarle más problemas.
Después de unos minutos, se dio cuenta de que tenía un panfleto en la mano. Lo leyó por encima sin mucho interés y lo rompió en cuatro pequeños trozos, que lanzó al viento. Después se paró a encenderse el cigarrillo que había sido rechazado hace un momento. Mientras lo hacía, se le acercó una joven.
– Perdona, ¿eres tú el que pasea a su perro por esta calle y no recoge nunca las cacas?
– Espera un momento -pegó una honda calada- ¿Me ves paseando un perro? ¿No te parece una forma un poco extraña de empezar una conversación?
– Lo siento, es que encajas perfectamente con la descripción que dan el resto de los vecinos.
– ¿Estás aquí pasando frío en la calle, esperando a que pase alguien que encaje con la descripción? Admirable.
– No, no. Claro que no. Volvía… esto… de hacer la compra, eso. Pero tenía eso metido en la cabeza, y bueno, últimamente veo sospechosos por todas partes.
– Pues siento decepcionarte, pero no tengo perro. No me gustan nada los perros.
– Ah, bueno. Pues nada, ya me toparé con él un día de estos. Y le diré un par de cosas, sí señor, vaya si se las diré.
– Te deseo suerte.
«La gente, o tiene mucho tiempo libre, o está ida de la olla» , pensó. Pero luego cambió de idea, «No, creo que lo que ocurre es que tengo la suerte de encontrarme con gente que, o tiene mucho tiempo o está mal de la chaveta. Madre mía, tal vez sea el único que se para a escuchar lo que tienen que decir». Y así, reflexionando, continuó fumando a la luz de las farolas. A la espera de otra conversación espontánea y original.

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5 respuestas a Paseo

  1. Wolfdux dijo:

    ¡Sublime! Felicidades Umagah.

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  2. Laura dijo:

    Que pena que no terminaras esta historia. Me gustaba muchísimo. Cuando leí el anarquista místico pensé que podrías cruzarlas. Hubiera sido genial.

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    • Umagah dijo:

      ¿y quién te ha dicho que yo esa historia no la vaya a terminar? simplemente tenía unos cuantos relatos en mente y quería escribirlos, ya veremos si Daniel continúa haciendo de las suyas…

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