Sonrisa de bits iluminados

Hay una chica sonriente
en la pantalla de mi móvil.

No mira a cámara,
pero la sonrisa es tan intensa
que es como si la dirigiese
-a pesar de que va en otra dirección-
al mundo entero.
Incluido el que mira la foto
que soy yo.

Amo a esa chica
y miro la pantalla de móvil
y me hace sonreír
y después de mucho rato
me siento un poco tonto
pero me da igual
porque desde cuándo
estar un poco tonto
con sonrisa amorosa
y de plena gratitud de existencia ajena
en el rostro
fue algo malo.

Tanto he mirado la sonrisa
de la chica que amo
en la pantalla del móvil,
aumentando incluso el brillo
en los ajustes
para verla mejor,
que ahora estoy escribiendo
sobre mí
viendo a esa chica
en mi pantalla del móvil.

Y no sé por qué lo hago
pero me hace revivir el momento
en el que estoy mirando
la pantalla del móvil
feliz por todo
y sobre todo por tu existencia
y que tu existencia se desarrolle
a mi lado.
Y me gusta revivirlo
porque es distinto a vivirlo
y porque se disfruta de otra manera.
Se es más consciente
de lo que se ha hecho
y me doy cuenta
de que hace tiempo
que dejé de ser libre como un lobo solitario
porque dejé de estar solo en el mundo
para estar contigo.
Y no me importa
porque no prefiero
estar solo en el mundo.
Prefiero estar contigo.
Contigo tumbada a mi lado.

Se pasa mejor las noches
con alguien tumbado al lado.

Y agradezco
-reviviendo suelo ser agradecido-
agradezco que el amor sea correspondido
porque me perdería tantas cosas
y lo peor es que me las perdería
sin saber siquiera
que me las estoy perdiendo
y eso sería triste.
Mucho.

Y por eso escribo en una nota del móvil.
Porque lo disfruto.
Gracias por darme momentos tan bellos
que puedo disfrutarlos
escribiendo unas palabras
en una nota del móvil.

Anuncios
Publicado en Impresiones impresionantes, Poemas | Deja un comentario

La vida es decepcionante y soleada

La vida es decepcionante.

Díselo a la flor amarilla,

bonita, grande,

que destaca por su belleza

entre todas las otras bellas flores

que hay tomando el sol en el prado,

esperando a que se acerque

algún insecto zumbando

atraído por su belleza

y su polen.

Díselo a esa flor

que consiguió que su semilla germinase.

Que consiguió de una manera asombrosamente compleja

bella

abrumadora

y maravillosa

conseguir transformar materiales muertos,

rocas, agua, sales,

en pétalos suaves y de un amarillo intenso.

Que chupó esa energía

que el sol nos regala a todos

y la usó para crecer

y desarrollarse

y aguantar los vientos

y seguir creciendo

y conseguir ser tan bella.

Díselo a esa flor

que cuando ya lo consiguió todo

fue pisada por una vaca

que sin prestar atención

andaba soltando pedos

por el prado soleado.

Y te lo digo a ti.

¿A dónde andas tan rápido

sin pararte a escuchar a esos jóvenes

que tocan en la estación de metro?

Lo están viviendo

y se nota

y no te paras a escuchar

porque quieres ir a algún lado a hacer alguna cosa.

Alguna cosa como la flor

que crece y crece para que la pisen.

Y tú vas a ser pisado.

Si no en vida, cuando acabe.

Vas a hacer todo eso para ser pisado por una vaca pedorra

dejando para cuando tengas tiempo

que solo es ahora

el pararlo todo y sentir esas melodías tan bonitas.

Y todo para seguir con tus cosas

y con la vida.

Y yo sé que no siempre te puedes parar.

Pero sé que normalmente sí.

Deja la vida para luego.

Hay tiempo para pararse a escuchar.

Publicado en Impresiones impresionantes, Poemas | Deja un comentario

Fiera en las sábanas de la sabana

Allí está

preciosa, elegante,

comiendo hierba.

Me obsesiona.

Es verdad que siempre

digo lo mismo

pero esta es,

sin duda,

la cebra más bonita

que he visto en mi vida.

Me hierve la sangre

y la cabeza

y me late con fuerza

el corazón al verla.

Ante su figura,

esas curvas,

esas rayas.

Es tan…

Es tan…

Se me cae la saliva

de la boca.

Aprieto los dientes.

Me acerco

cubriéndome con las altas hierbas

sin que la bella me vea.

Es parte del juego.

No me deja

si me ve.

Siento un impulso

por levantarme

por agarrarla

por fundirme con ella

pero me contengo.

Verla me pone a cien

pero me contengo

y me acerco con sigilo.

La puedo oler.

Huele tan bien…

La quiero, joder.

La quiero.

¡NO PUEDO MÁS!

¡Salto!

y corro hacia ella.

Empieza a huir.

¡Ven aquí, hermosura!

¡Ven aquí conmigo!

Tú y yo

estamos conectados

por algo más fuerte

que tú y yo

que me descontrola

el cuerpo

y no me deja casi ni vivir,

¡que no me cabe dentro!

Qué intenso es ver tus nalgas

delante de mí,

moviéndose.

Esas curvas,

ese cuerpazo contoneándose.

¡Te alcanzo!

Te clavo las uñas

profundo

con ganas

y por fin, ¡sí!

por fin te muerdo.

Aprieto mis dientes

hasta que no puedo más

pero quiero apretar más

y lo hago

y me da placer.

El placer es inmenso

y sé que tú también lo sientes

detrás del dolor.

Gracias al dolor.

Bailamos.

Te retuerces.

No paras.

Yo estoy a mil.

¿¡Cómo consigues ponerme así!?

Tropiezas y llegamos al punto

por el que todo esto se ha sentido.

Ya ni intentas levantarte.

Me aceptas. Lo aceptas.

Lo vives. Lo sabes.

Lo sientes.

Y tu cuello lo siente

y muerdo tu cuello

porque yo también lo siento

y, ¡SÍ!

aprieto y aprieto

sin saber lo que hago.

Solo sé que lo que hago.

Es necesario y necesito

y quiero

apretar con más fuerza aun

de la que uso.

¡Más fuerte!

¡Más! ¡Más! ¡Más!

Tus últimos momentos

saben a gloria y a sangre.

¡Cómo huele a ti!

A ti y a sangre.

Me gusta.

Y desapareces de pronto

y te quedas inerte

entre mis fauces

que aun aprietan

y desaparece

todo lo que hay dentro de mí

y me movía.

Me movía hacia ti.

Terminó el frenesí,

el éxtasis.

Confundido, te miro.

Ya no estás.

Pero está tu carne

y huele bien

y yo tengo hambre.

Publicado en Impresiones impresionantes, Poemas | Deja un comentario

Burgos

No pensaba que fuera a acabar la noche allí. Rodeado de batas blancas y suelos limpios. Y ese olor tan inconfundible a hospital. No es desagradable, pero hay algo en él que no me acaba de gustar.

No había más gente en la sala de espera. Quedaba raro estar en medio de la sala sentado en una silla de ruedas. Pero no me dieron opción. La enfermera de la ambulancia me dijo que tenía dos opciones: entrar al hospital en silla de ruedas o en camilla. Es por si acaso te mueres, que no se les pueda acusar de no tomar precauciones. Dejé que me empujaran por los pasillos mientras miraba callado el hospital vacío. Habría sido raro verlo lleno a las 5 de la mañana. Por lo poco que les escuché decir a los médicos, no era el primero en llegar allí con una ceja partida. Uno de los enfermeros comentó que le parecía vivir un déjà vu y todo.

Mientras me llevaban a la otra sala para ponerme los puntos escuché que había llegado un chico más. Al parecer había pedido el mismo menú sanitario que yo. Pero tampoco estoy seguro. Por los pasillos pensé que ser minusválido debe de ser una putada. Me sentía tonto con alguien empujándome por ahí. Pero supongo que a todo te acostumbras.

Yo creía que dolía más que te cosiesen. Solo es un pinchazo seguido de la extraña sensación de que algo está atravesando tu piel. Cuando terminaron me dieron un papel por si me apetecía denunciar al chaval que me había pegado el puñetazo. No me apetecía ni de lejos. No me gusta nada el organismo al que la mayoría llaman Justicia. El combate verbal entre abogados y fiscales y demás. Repugnante.

De todos modos, no sentía ansias de venganza. Cero. Tampoco había sido para tanto después de todo. Había sido mala suerte que me partiese la ceja, pero qué se le va a hacer.

Una hora después, echándome un porro con Iñaki, pensé en que ojalá le fueran bien las cosas al imbécil que se había peleado conmigo. Después de todo me daba algo de pena. Irradiaba desconfianza, aunque no lo noté hasta que fue demasiado tarde. El alcohol te ciega para bien y para mal. Al menos normalmente es para bien.

Se me hizo imposible volver a casa haciendo autostop desde Burgos. Nadie se paraba. Y eso que fui al sitio donde hice autostop las dos últimas veces que fui con mi amigo Felix desde el norte de España hasta Madrid a dedo. Las dos veces nos dejaron cerca de ese lugar a las afueras del sur de Burgos, en el que una vía de servicio sale hacia la autopista A1. Las últimas dos veces conseguimos que alguien nos llevara directamente desde allí a Madrid. Pero nada. Seguramente fuera cosa del ojo. Se había hinchado bastante y tenía mala pinta, y en el autostop todo depende de la primera impresión. Ese fue el primer momento en el que tuve ganas de cagarme en el hijo de puta de la noche anterior. Me había jodido pero bien eso ponerles buena cara a los conductores.

Después de una hora y media me rendí y tiré el cartón donde había escrito Madrid en mayúsculas con un bolígrafo. Lo había conseguido en un barucho en decadencia cerca de las afueras de Burgos. Era uno de eso bares que me encantan. Era viejo, y se notaba que su época de esplendor ya ha pasado. Ahora solo quedaban dos viejos clientes de toda la vida y los dueños del bar, un matrimonio cansado de currar pero que aguantaba un día más en su precioso barucho. Se notaba que había sido hermoso. Las paredes llevaban azulejos con toques dorados y la madera de la que estaba hecha la tarima y las mesas era buena y oscura. Allí entré ese domingo en el que pensaba que todo iba a estar cerrado, y pude cagar al fin y comer un buen bocadillo de tortilla. Cuando lo estaba terminando fue cuando se me ocurrió preguntar al dueño si me dejaba el cartón y el boli.

Y sí, lo sé, una hora y media es poco para autostop de larga distancia, pero me pudieron las circunstancias. La llamada preocupada de mi padre fue decisiva para que me decidiese a volver a caminar de vuelta al centro de Burgos para cogerme un bus. Me dijo que era un imbécil y en qué coño estaba pensando. Ya sabía lo del ojo. Tardé un poco más de una hora, un poco menos que a la ida porque ya me sabía el camino. Me empezó a doler el talón derecho y no disfruté demasiado del paseo.

Una vez en casa pensé seriamente, después de que tuviera que relatar la historia de cómo recibí el puñetazo unas tres veces, en contarle al resto de la gente que me había chocado con una farola. Pero no lo hice. No me gusta mentir si no es para contar algo absurdo y gracioso.

Mierda. Ahora que lo pienso la historia de la farola daba el perfil de lleno.

Publicado en Cuentos Cortos, Sin categoría | Deja un comentario

Danza sobre pasados con ticket regalo

Bailo
bailo
y bailo

Bailo sobre alfombras
que compró algún familiar
con el dinero que tenía.
Tenían mucho.
Ya no queda tanto
pero lo suficiente
como para que yo
baile
baile
y baile,
ahora que no están,
pisoteando las lujosas alfombras enormes
con ganas
y saltando
y riéndome
y disfrutando de todo
porque no hay nada
que perturbe.

Sin pensar en
cuánto cuesta la elegante botella
que bebemos
como una medicina para la vida
ni cuánto cuesta nada,
porque me da igual

Me alegro de vivir esta sensación.
No siempre en mi vida será así
y lo sé
y no me importa
y por eso
y con más razón
decido
bailar
bailar
y bailar
al ritmo de altavoces que
no compré
ni sé cuánto cuestan
ni dónde se consiguen
ni nada
pero que suenan de puta madre

Me encanta la vida cuando
no sé qué es vivirla
porque no me lo pregunto

Publicado en Poemas | 1 Comentario

Chachipiruletas

IKEA
Stainless steel
Made in China

Eso pone en el cuchillo.
Lo podría usar para rajarme el cuello
o clavármelo con ganas en la frente.
Sería un momento,
un momento de decisión,
y por elección
dejaría de existir.
Ya está.

A veces la vida es como una montaña
y se mira hacia arriba
y se ve toda la pendiente
y al lado está ese precipicio
con almohadas y mantas calentitas
del frío sueño eterno
que tienta
a dejarse caer
a dar un paso al vacío.

Pero ya habrá tiempo de estar muerto,
que esto, por lo que se ve
dura muy poco
así que
¿por qué no?

Miro al espejo del baño
con azulejos amarillos.
Estoy en la casa
donde vive la mujer que amo.
Veo mis ojos.
Me miro.
El del espejo también soy yo mirándome.
Está encerrado
en un espejo
en el que tiene que mirarme.
Y para mí es lo mismo.
Él no puede salir
del espejo
como yo
de la vida.

Como una jaula.
Una jaula que es de oro.
Me quedaré mirando
a través de los barrotes
hasta que anochezca.
Al menos son bonitos.

Publicado en Poemas | Deja un comentario

Paren

Estar tumbado,
estar tumbado con la espalda inclinada.
Y ver tubos.
Tubos y hombres con batas
y hombres sin batas que tienen caras conocidas.
Caras de fuera.
De cuando la vida no era solo tubos y dolor y estar sedado y máquinas que pitan y que otras veces suenan como máquinas de hacer café de algún bar viejo.

Ahora el pacto de la vida me parece injusto.
Ese extraño pacto en el que se entra cuando se nace,
en el que nunca se entienden los términos.
Ahora estás vivo hasta próximo aviso.
Ale.
Ya está. No hay más que esa cláusula en el contrato.
Y me pareció bien.
Me pareció bien hasta ahora.
Ahora solo quiero terminar con esto,
con esta sala con olor a putrefacción
y a limpieza tan extraña.
Terminar con la sala.
Me da igual si es por poder salir fuera,
por ese alta que suena a cielo por aquí,
o por estar bajo tierra.
Solo háganlo parar.

Yo no quiero estar vivo para esto.
Soy viejo y viví bien.
Déjenme en paz.
Déjense de tubos.
De batas.
De limpiarme el culo.
Paren.
No me importa lo suficiente
como para esto.

Publicado en Poemas | Deja un comentario