Mar de los ahogados

Nunca sirvió de nada escribir sobre ello.

Pero sirve de tanto.

Tantas vidas aplastadas por el peso de lo que no pesa alivian y aliviaron su carga.

Cerrar los ojos, no pensar, soltar amarras desatando todos los nudos.

Navegar sin barco. Sin tripulación. Sin capitán. Sin ver nada más que lo que se pone por sí mismo en el medio.

No hay rumbo fijo. 

Si llevas mapa, te hundes.

Si no lo llevas, estás hundido.

Porque en el mar no se sabe nada. Y los que lo saben, lo saben.

Los únicos que no se ahogan son los que creen que navegan mientras se arrastran por el desierto.

En el desierto no hay peces. Nada pica cuando lanzas la caña.

Pero no te ahogas.

Tantas palabras que aluden a lo mismo. Tantos intentos en vano de expresar lo inexpresable. Palabras muertas sobre el papel.

Y aún así, cobran vida cuando se sumerge alguien en ellas, y se ahoga.

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