¿Cómo puede la mermelada destrozar una utopía?

Samuel desayunaba cuando Marcos entró en la cocina. La habitación estaba inundada por la clara luz del sol de invierno por la mañana, que se reflejaba en las paredes blancas y las baldosas rojas del suelo. La mesa en la que estaba sentado Samuel también era blanca, al igual que las sillas situadas a su alrededor. Tanto la mesa como la sillas estaban hechas de plástico. Tenían ese típico aire que tienen los muebles de Ikea.

― ¿Qué hay? ―murmuró Marcos bostezando al entrar.

― Nada. Ya lo ves. Desayunando.

Ambos se conocían desde hacía cinco meses. El 28 de septiembre
se vieron por primera vez, cuando el dueño reunió a los tres estudiantes que iban a compartir su piso ese año. El propietario había elegido a los jóvenes cuidadosamente, ya que desconfiaba por regla general de todos sus inquilinos desde que unos universitarios austriacos, que estaban de erasmus, le destrozaron prácticamente todos sus muebles. No pudo obligarles a pagar los daños por un error burocrático en la denuncia, que se produjo debido a la nacionalidad extranjera de los universitarios.

Los tres nuevos estudiantes se cayeron bien desde el primer momento.

― Sara me despertó ayer ―comentó Marcos mientras calentaba el agua para prepararse un té― ¿A ti no?

― Qué va, sabes que no suelo despertarme por nada del mundo.

― Cierto ―se rió―. Pues tienes una suerte tremenda. Estaba bastante borracha y no paraba de cantar junto con una amiga suya La cucaracha y canciones por el estilo. En fin, ―suspiró― ya sabes cómo es Sara.

― ¿Conoces la Chacona de Bach? ―dijo Samuel, que no había prestado demasiada atención a lo que su amigo le decía mientras él se untaba mantequilla y mermelada en una tostada.

― ¿Cómo? ―se hizo una breve pausa― Pues… sí, ¿no? ¿No es esa pieza para violín que me pusiste superemocionado la semana pasada?

― Sí, esa, esa ―levantó la vista de su tostada y le miró―. Pero, ¿te acuerdas de lo bella que era?

― Sí, claro. La verdad es que me impresionó bastante.

― He estado pensando mientras la escuchaba ayer por la noche.

― Dime, dime ―dijo con un tono que denotaba interés, mientras se sentaba a la mesa con su té recién hecho.

― Me preguntaba ayer por qué todo no es tan bello como la Chacona de Bach. Durante unos instantes, me pareció una absoluta mierda que pudiesen existir cosas que no fueran tan bellas como esa pieza. ¿Por qué no puede ser todo tan bello como ESTO?, me repetía una y otra vez. Hasta que pensé con un poco de claridad y me di cuenta de que, si todo fuese bello, nada lo sería.

― No lo pillo. Explícate un poco.

― Es fácil. Te lo voy a intentar explicar de otra manera ―miró a su alrededor hasta que su vista quedó fija en la tostada que tenía en la mano―. Pongamos que te has comido tres tostadas de mermelada. Bueno, pues ahora imagínate que decides variar un poco y te tomas una tostada con mantequilla y jamón de york.

― Sabes que soy más de salado ―dijo riéndose.

― Sí —hizo una pausa— Te terminas tu tostada de jamón de york y vuelves a tomarte otra con mermelada. Ahora la notas mucho más dulce debido al contraste que hay entre el salado y el dulce. ¿Entiendes? Una misma tostada te va a saber mucho más dulce si has tomado antes algo salado que si has tomado antes algo dulce.

― Sí, claro.

― Pues ahora seguro que entiendes la frase de antes: si todo fuera bello, nada lo sería.

― Vamos, que dices que sin cosas feas no habría cosas bellas.

― ¡Si! La belleza de la chacona está en el contraste que se da entre esta y el resto de la realidad. Esto se puede aplicar a casi cualquier concepto humano. En Un mundo feliz, Huxley expone una sociedad organizada de manera que la felicidad sea una constante. Eso lo consigue, entre otras cosas, eliminando para los habitantes de su mundo la posibilidad de estar solos, leer y reflexionar. Creo que en esa sociedad se puede tener un sentimiento agradable que acompaña a la vida, pero no se puede ser feliz. La felicidad que aporta el crecimiento personal, que siempre viene acompañado de infelicidad, no se puede sustituir por nada.

― También por eso se dice eso de que no te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes.

― Es una forma sencilla de explicar el adormilamiento producido por la costumbre, sí. La belleza nace del contraste entre esta y la fealdad, al igual que la felicidad nace del contraste entre la felicidad y la tristeza. Si solo hubiera cosas bellas y solo fuéramos felices, no habría cabida en nuestro pensamiento de que existiesen los conceptos de belleza y felicidad.

― Joder, pero entonces el mundo nunca será justo y bello sin que en él habiten también la injusticia y lo horrible.

― Eso es ―respondió mientras miraba pensativo su tostada de mermelada de mora.

Marcos apuró su té y rompió el silencio:

― Es como la conversación del otro día, ¿te acuerdas? Acabamos reconociendo que las utopías eran necesarias siempre y cuando se tuviese en mente que nunca se llegará a ellas. Lo mismo ocurre con la belleza que describes, no es posible vivir en un mundo completamente bello, pero eso no es motivo para no intentar aportar belleza al mundo, signifique lo que signifique eso.

Se quedaron callados un momento.

― Oye, si lo piensas un momento, es gracioso cómo la mermelada puede ayudarte a destrozar una utopía.

En la habitación contigua, Sara se despertó por el sonido de las risas.

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6 respuestas a ¿Cómo puede la mermelada destrozar una utopía?

  1. Laura dijo:

    ¿Has leído “El profesor de ruso” de Chejov? También aborda este tema. Las últimas palabras de Nikitin describen la angustia por esa felicidad permanente “No hay nada más terrible, ofensivo y mortificante que la trivialidad. ¡Tengo que escapar a alguna parte, tengo que escapar hoy mismo o me volveré loco”.

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    • Umagah dijo:

      No, pero me lo leeré dentro de poco. Me he leído ya los cuentos de Poe y ahora voy con Chejov.
      Este tema se me ocurrió realmente escuchando la Chaconna de Bach, así como dato curioso. Ahora gracias a su enorme pieza entiendo un poco mejor eso del jing y el jang, la dialéctica…
      Eso también es gracioso, ¿no crees? Me refiero a que la música permita comprender cuestiones filosóficas.
      Ya te diré que me ha parecido el cuento de Chejov, Laura.

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  2. abellx dijo:

    Emanas sabiduría

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  3. Buen texto. Invita a la reflexión.

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  4. bousakone dijo:

    Interesante…y como os dije aquel domingo perdida en ‘algún lugar’, os seguiré.

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